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Alimentación

La Nueva Biología del Dr. Young declara que la sobre-acidificación del cuerpo es la única causa de todas las enfermedades. En contraste a la “vieja” biología, basada en el trabajo de Louis Pasteur a finales de 1800, se asienta en la idea que la enfermedad proviene de los gérmenes que invaden el cuerpo desde el exterior. El Dr. Young sostiene que cuando el cuerpo está saludablemente equilibrado en la alcalinidad, los gérmenes son incapaces de hacer mella.

Es por este motivo que el equilibrio del Ph en tu organismo es clave para disfrutar de una salud, un peso, una claridad mental y un vigor general óptimos. Con esta innovadora dieta conseguirás equilibrio y podrás despedirte para siempre de la falta de energía, las malas digestiones, los kilos de más, las molestias y las enfermedades.

En principio se trata de que hay alimentos que hacen más ácido a nuestro organismo y otros que lo hacen más alcalino. La acidez o alcalinidad de nuestra sangre se cuantifica mediante un parámetro que se denomina pH. El pH de nuestra sangre debe mantenerse en 7,4 (ligeramente alcalino) para que las cosas vayan bien: tener una buena salud y prevenir la aparición de enfermedades graves (como pueda ser el cáncer). La clave se encuentra en consumir un gran número de alimentos alcalinos (80%) y un bajo número de alimentos ácidos (20%) con el fin de facilitar a nuestro organismo para que lleve a cabo las regulaciones necesarias.

En esta dieta se consideran alimentos permitidos el té verde, la leche de soja, los zumos naturales de frutas (en especial los cítricos), el aceite virgen de oliva, las verduras y hortalizas con excepción del tomate, la patata, la berenjena y el pimiento (que tienen un elevado contenido en ácidos orgánicos o almidón), cualquier fruta (especialmente cítricos, kiwis, uvas y melones). Los cítricos, aunque captemos un sabor ácido al consumirlos, el principal ácido que contienen es el ácido cítrico que dentro del organismo se transforma en citrato, que puede actuar como un elemento alcalinizante.

Entre los alimentos acidificantes están la carne, el pescado, las aceitunas, la pasta, la leche de vaca, los quesos curados (manchego, parmesano), el azúcar y los alimentos que la contengan (dulces) y el alcohol. Estos alimentos no deben desaparecer por completo, según indica esta dieta, pero debe reducirse su ingestión hasta que no sobrepasen el 20% de nuestra ingesta diaria. También hay que controlar las bebidas con cafeína (café, te y las bebidas artificiales con cafeína) y refrescos con azúcar.

Una de las aportaciones más interesantes de esta dieta es la fórmula alcalina: Limón + Bicarbonato. El uso del limón con bicarbonato de sodio es realmente una potente manera de comenzar a inclinar la balanza hacia el lado alcalino.

Entre la alimentación y las emociones existe un complejo vinculo, tal es así que se denomina con frecuencia a nuestro intestino como nuestro segundo cerebro, pues todo lo que comemos puede tener su causa en las emociones y de igual manera, nuestra dieta puede condicionar nuestro estado anímico y emocional.

Las emociones afectan nuestra dieta

Muchas veces hemos dicho que comemos por placer. La comida no sólo tiene una función nutritiva sino que el acto de comer es placentero, desestresante y por ello, cuando nos sentimos cansados podemos ir en busca de comida, de hecho dormir poco está relacionado con la obesidad, pues la falta de sueño genera estrés y se incrementan en el organismo hormonas que elevan los deseos de ingerir alimentos.

De igual manera, cuando estamos ansiosos o con problemas emocionales, podemos ir en busca de comida para sentirnos mejor, y en realidad, hay alimentos que ayudan a calmar la ansiedad porque en su composición incluyen triptófano, un aminoácido que estimula la liberación de serotonina y nos relaja al mismo tiempo que nos vuelve más felices. Esos alimentos son por ejemplo el chocolate, el plátano, las nueces o el yogur.

Por supuesto, es normal que de vez en cuando nos relajemos y disfrutemos de un momento placentero como es comer un pastel de chocolate, pero la alimentación emocional debe ser controlada, pues no siempre podemos comer cuando estamos cansados, enojados, tristes o alegres, de lo contrario, culminaríamos con exceso de comida. No todo se soluciona comiendo.

Además, está comprobado que cuando comemos para calmar nuestras emociones escogemos más alimentos grasos, lo cual puede desencadenar un exceso de grasas en la dieta, desequilibrando la misma y causando enfermedades. Esto es así, porque nuestros antepasados pasaban mucho tiempo sin comer y en actividad, lo cual es una situación estresante, y su cuerpo fue adaptado genéticamente para que al momento de tener comida escogieran estratégicamente los nutrientes más concentrados en energía como son las grasas. Entonces, las grasas se asocian a una disminución del estrés en nuestro cerebro. Por ello, cuando estamos muy cansados quizá reduzca más el estrés un pastel con nata que una manzana.

Otra prueba de que las emociones afectan nuestra dieta es el hecho de que cuando estamos tristes muchas veces no nos cabe bocado o cuando comemos con nervios la comida nos cae mal. Y en casos extremos las emociones pueden afectar negativamente la digestión provocando un síndrome de intestino irritable que condiciona posteriormente la calidad de la dieta.

En el lado positivo de este vínculo se encuentra nuestra historia emocional, es decir, muchas veces basamos nuestras preferencias o elecciones alimentarias según fueron nuestras emociones en el pasado. Por ejemplo, en mi caso personal adoro las pastas, porque las asocio a mi abuelo y al vínculo emocional que existía entre nosotros. Asimismo, una persona puede preferir determinada comida porque le recuerda gratos momentos afectivos o rechazar una preparación porque se asocia mentalmente a un feo recuerdo.

La dieta afecta nuestras emociones

La alimentación y las emociones están estrechamente vinculadas y eso lo demuestra el hecho de que al comer un dulce generalmente nos sentimos más relajados y mejor, también hemos dicho que hay alimentos que por estimular la liberación de serotonina nos ayudan a sentirnos mejor.

Por otro lado, una dieta saludable nos ayuda a sentirnos bien, pues en el intestino existen muchas terminales que nerviosas que envían información al cerebro y por lo tanto, prevenir alteraciones intestinales así como llevar una dieta de buena calidad, nos ayuda a mantener bajo control las emociones. Llevar una dieta suficiente en micronutrientes, con buena cantidad fibra soluble, probióticos y agua, es un mimo a nuestro aparato digestivo y al segundo cerebro del organismo.

En el opuesto de esta compleja relación podemos decir que una mala alimentación puede producirnos depresión, tal es así que se sabe que una dieta pobre en antioxidantes, rica en grasas trans y escasa en micronutrientes puede dar origen a un estado emocional alterado.

Una alimentación rica en grasas descontrola nuestro reloj biológico, impidiendo la conciliación de un sueño adecuado lo cual se sabe origina estrés y malestar emocional. Como podemos ver, existe un círculo cerrado que vincula a la alimentación con las emociones.

Es una relación dinámica, pues tanto la comida afecta nuestras emociones como a la inversa. Para que nuestra salud sea la que mayor beneficio obtenga de esta relación, claramente ninguna debe predominar por sobre la otra, sino que debe existir un equilibrio.

Un equilibrio entre emociones y comida

Para que la alimentación no sea puramente emocional, es decir, para que la causa de nuestra ingesta no se encuentre siempre en las emociones sino que más bien nuestro consumo de alimentos se ajuste más al hambre real, debemos entender que la comida brinda placer y es un desestresante pero no soluciona nuestros problemas y sólo calma la ansiedad temporalmente.

Si estamos angustiados y buscamos comida, pensemos que no será la solución a esta emoción, sino que podemos recurrir a otras actividades placenteras que no impliquen el consumo de alimentos como son leer, escuchar música, caminar, hablar con un amigo, entre otras.

Si dejamos que ante cada emoción nuestro cuerpo ingrese comida, culminaremos con un exceso de calorías que puede desencadenar obesidad a largo plazo.

Pero si por el contrario reprimimos nuestros deseos de comer algo dulce de vez en cuando también estaremos alterando el equilibrio entre emociones y comida, pues cuando nos permitamos por fin comer un pastel no lo disfrutaremos y posteriormente a su ingesta sentiremos culpa por haberlo hecho, cuando es totalmente normal sentir placer por un poco de dulce.

Entonces, para establecer un equilibrio que no perjudique nuestra salud, debemos controlar la alimentación por emociones y al mismo tiempo, debemos permitirnos de vez en cuando comer por placer, disfrutando de una preparación sabrosa y cargada de emociones, pero si volvemos habitual este acto que vincula emociones y comida, podemos caer en un círculo perjudicial para el organismo.

Vía: Directo Al Paladar

Según los investigadores James y Peter D’Adamo la buena o mala asimilación de los alimentos está condicionada por nuestro grupo sanguíneo. Hasta el punto de que en cada grupo -A, B, AB y O- hay alimentos que son perjudiciales, otros beneficiosos y otros neutros. Es más, aseguran que muchas enfermedades pueden deberse al mero consumo de alimentos no adecuados para nuestro grupo sanguíneo. Otros, en cambio, nos ayudarían a sanar. Incluso afirman que en ello está la razón de que muchas personas no consigan adelgazar cuando se ponen a dieta.

En 1930 El doctor Landsteiner descubrió la razón de por qué unas personas fallecían después de una transfusión de sangre y otras no: sus sangres no eran compatibles.
Las personas con sangre del tipo 0 son “donadoras universales”.
Las personas del tipo AB son “receptoras universales”
Las personas del tipo A pueden recibir sangre de su mismo tipo y del grupo 0 pero no de las de los tipos B y AB.
Este descubrimiento le sería recompensado a Karl Landsteiner con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología.
Hace casi tres décadas un naturópata llamado James D´Adamo se dio cuenta de que los tratamientos dietéticos que aconsejaba a sus pacientes no obtenían siempre los mismos resultados y se preguntó a qué podría deberse. Formado en la escuela naturista, su experiencia con los pacientes le llevaría a percatarse sobre todo de que mientras la dieta vegetariana le sentaba estupendamente a algunas personas y su salud mejoraba a otras no parecía hacerles apenas efecto y a algunas incluso les sentaba mal y empeoraban. Observó, por ejemplo, que las personas de sangre tipo A responden mal a las dietas generosas en proteínas cárnicas pero muy bien a las ricas en proteínas vegetales. Y que a esas mismas personas ni la leche ni sus derivados les iban bien.
Todas aquellas observaciones las recogería James D’Adamo en una obra titulada: El alimento de un hombre (One Man´s Food) que vería la luz en 1980.
Sería sin embargo su hijo, Peter D’Adamo -quien estudiaría también Naturopatía ,el que establecería ya esa conexión. Los datos acumulados le llevarían finalmente a concluir que el tipo de sangre predispone a las personas a un tipo de alimentación concreto y distinto en buena medida a las de otros tipos, incluso, que predispone más a unas enfermedades que a otras. Y no sólo eso: también descubriría que la salud depende, en mucha mayor medida de lo que la gente imagina, de la alimentación.

Bayas Goji

Siempre que me hablan de productos nuevos, de productos milagro utilizados en la medicina natural, desconfío. Desconfío como posiblemente Ud. querido lector que, cansado de tanto marketing, publicidad engañosa, etc. no hace caso de las informaciones, que a través de distintos medios de comunicación, le llegan constantemente. La piedra filosofal no existe, la fuente de la eterna juventud no existe y…la panacea, la medicina, la planta que todo lo cura tampoco desgraciadamente existe. De ahí que cuando hace unos meses y a través de los contactos que tengo con distintos laboratorios, principalmente en Estados Unidos, empezaron a insistirme en que había un producto con unas características asombrosas, yo también desconfié. Pero la verdad es que cuando en uno de los artículos que cayó en mis manos, pude leer textualmente que aquel producto tenia 500 veces la cantidad de vitamina C que contenían las naranjas, despertó mi curiosidad. Recordé a mi ídolo Linus Pauling (dos veces premio Nóbel) y principal impulsor de la medicina ortomolecular, que se inyectaba diariamente cantidades de vitamina C que sobrepasaban cualquier cantidad recomendadada.

Posiblemente si Linus Pauling, a cuya admiración debo el ser Químico, hubiese tenido conocimiento de la existencia de unas cerezas, que se cultivaba en los valles de la cordillera del Himalaya, las habría incorporado a su dieta y habría asimilado la vitamina C en las cantidades que quería de una forma totalmente natural, además de una serie de factores, por las que a aquellas cerezas se las considera actualmente, como el alimento con mas densidad de nutrientes beneficiosos para nuestro organismo.

Tanto me interesó aquel producto que después de algunos meses y de recopilar información sobre el mismo, escribí un libro titulado “Goji, las cerezas del Himalaya”, que será publicado en breve Con este artículo lo único que pretendo es poner en su conocimiento la historia, la composición y la experiencia curativa acumulada durante más de 2000 años de Goji, las cerezas del Himalaya. Juzguen Uds.
Por Antolin de la Torre Cortes
Articulo publicado en la revista Verdemente y Diario Liberal

Goji

*La ciencia ha revelado que el secreto de los beneficios de la cereza de goji se encuentra en un grupo de moléculas bioactivas únicas denominadas “polisacáridos Lycium barbarum” (LBP, por su sigla en inglés) que no se encuentran en ninguna otro alimento en la Tierra. La cereza de goji ha sido venerada en todas partes de Asia por su capacidad para el equilibrio de las energías del cuerpo, especialmente “la fuerza vital” conocida como chi. Nombrado así por el “go” de goji y chi, el término chino antiguo con que se denomina a “la fuerza vital”

neveraHa venido invitado por la plataforma Som lo que Sembrem y dice que urge presionar a los gobiernos a que exijan a las compañías productoras de transgénicos que se hagan públicos los estudios de los efectos que estos alimentos tienen en la salud: “No es posible alimentar al mundo con un producto que sólo se ha probado tres meses en ratas y cuyos análisis de sangre son secretos”. ¿Tiene autoridad o es un loco de lo natural?… Preside el consejo científico del Comité de Recherche et d´Information Indépendantes sur le Génie Génétique (Criigen). Durante nueve años trabajó para el Gobierno francés evaluando los efectos de los transgénicos en la salud. Ahora lo hace para la Comisión Europea.

Tengo 49 años. Nací en Argelia y vivo en Caen (Francia), donde soy catedrático de Biología Molecular. Estoy casado y tengo dos hijos. Me preocupan el medio ambiente y la salud a largo plazo, soy especialista en toxicidad de variedades transgénicas y herbicidas. Soy cristiano

¿Es usted un radical de lo natural?

En absoluto, pero mi profesión es la investigación en biología molecular, cómo se hacen los organismos genéticamente modificados (OGM) y qué efectos tienen en la salud cuando los ingerimos.

¿Y?

Sabemos que el cáncer, las enfermedades hormonales, metabólicas, inmunitarias, nerviosas y reproductivas están relacionadas con los agentes químicos que contienen.

¿Cuántos tipos de transgénicos hay?

Soja, maíz, algodón y colza. Las semillas llevan incorporado el veneno para los insectos. Las de maíz y soja contienen Roundup, el mayor herbicida del mundo.

¿Hay muchos alimentos que contengan soja o maíz?

Sí, todos los que contienen por ejemplo azúcar de maíz (sodas, bebidas de cola, pastelería, salsas, bombones, caramelos, chocolate…). Y los animales que nos comemos que han sido alimentados con maíz transgénico (pollo, vaca, conejo, cerdo, leche, huevos…).

¿En qué dosis son peligrosos?

No lo sabemos, porque no se han hecho los test adecuados; sólo sabemos que nos hacen daño a largo plazo. En general, impiden que los órganos y las células funcionen bien.

Pero se han hecho test con ratas.

Sí, pero los resultados son confidenciales.

¡Pero qué dice!

Anormal, ¿verdad?… Hay que pedir a los gobiernos de Europa que hagan públicos estos análisis; y, cuando lo hagan, muchos debates ya no tendrán sentido porque serán evidentes los efectos de los OGM. Yo soy uno de los cuatro expertos que han trabajado para la Unión Europea en el conflicto que se debate en el marco de la Organización Mundial del Comercio entre Estados Unidos y Europa para etiquetar los OGM.

¿Europa es reticente a los OGM?

La UE ha pedido los resultados de las pruebas a las compañías para aceptar o no la comercialización de estos productos, pero las compañías dicen que son confidenciales, cuando según la ley de la UE deberían ser públicos. Ya hemos ganado algún juicio contra Monsanto demostrando los efectos nocivos de los OGM que pudimos analizar.

Cuénteme.

Para saber si los OGM son tóxicos, se hacen los mismos test en todo el planeta; se les da a las ratas dos dosis de maíz transgénico durante tres meses y se les hacen dos análisis de sangre, a las cinco semanas y a los tres meses. Los resultados fueron: aumento de grasa en sangre (del 20% al 40%), de azúcar (10%), desajustes urinarios, problemas de riñones y de hígado, precisamente los órganos de desintoxicación.

Suena fatal.

En España hay 100.000 hectáreas dedicadas al cultivo de maíz transgénico (casi todo en Catalunya), es la puerta de entrada de los OGM a Europa.

Usted también ha realizado investigaciones recientemente.

Sí, sobre los efectos del Roundup (el mayor pesticida del mundo, utilizado en tres cuartos de los transgénicos) en células humanas: directamente las mata.

Eso es grave.

Los expertos pedimos dos años de test sobre animales en laboratorio, tal como se hace con los medicamentos; pero entonces los OGM no son rentables. Hay un gran combate político y económico sobre este tema, y hay que decírselo a la gente: no nos permiten ver esos análisis de sangre ni conseguimos hacer el test más allá de tres meses. Esto es un escándalo escondido por las grandes compañías.

¿Tan poderosas son estas empresas que los gobiernos no puede detenerlas?

Es el mayor desafío financiero que jamás ha existido. Hay cuatro plantas que alimentan al mundo a nivel intensivo: soja, maíz, arroz y trigo. Las compañías registran patentes sobre las plantas de estos alimentos gracias a los OGM. Quien tenga las patentes y cobre royaltis cada vez que alguien las coma o cultive en el planeta será el rey del mundo; por eso las grandes empresas farmacéuticas han empezado a hacer OGM.

Qué miedo.

Las ocho mayores compañías farmacéuticas son las ocho mayores compañías de pesticidas y de OGM. Monsanto tiene el 80% de la biotecnología del mundo.

¿Y por qué lo permiten los gobiernos?

Hace quince años, todos los gobiernos de los países industrializados apostaron en el desarrollo de la industria de la biotecnología, donde se ha invertido mucho dinero público. Los gobiernos saben que hay problemas con los OGM, pero si consiguen y publican los resultados de los análisis, resultará que todo lo autorizado hasta el momento ha sido un error de graves consecuencias.

… Lo que hundiría cualquier gobierno.

Exacto. Aun así, jamás un OGM ha sido autorizado por los ministros de Medio Ambiente de Europa.

¿Por qué los científicos no presionan? Ni siquiera uno de cada 10.000 tiene acceso a los datos. Yo hace nueve años que leo todos los informes europeos y americanos de controles sanitarios de OGM, y los únicos que hacen test son las propias compañías.

Usted los hace.

Pocos, son carísimos. Se debería exigir a las compañías que los análisis los realizaran universidades públicas en lugar de las empresas privadas a sueldo de las compañías.

Publicado en La Contra de La Vanguardia del 8/4/2008

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